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INOCENTE. En el expediente judicial hay una foto de Ricardo de la Fuente con su entonces novia Laura Karina Busquet, vestidos con ropas de cueros en las escaleras del Hotel Conrad. Estaban por ingresar a un evento en ese lugar.
Se trata de una foto usual en Punta del Este. Sin embargo, como De la Fuente y su pareja usaban ese tipo de vestimenta -él era fanático de las motos de gran cilindrada-, los investigadores policiales lo vincularon a un movimiento de sadomasoquismo y swinger que florecía en Punta del Este en 2009. Tal extremo consta en el extenso legajo.

El expediente también recoge declaraciones de conocidos relacionistas públicos que destacaban la apertura de un hotel donde se practicaban estas actividades sexuales y que ello iba a dar a Punta del Este un atractivo mayor.

Para empeorar aún más la situación judicial de De La Fuente, los policías le preguntaron por un anillo, de cuatro puntas y dos piercings. De la Fuente, que recién había salido de trabajar en el Hotel Conrad, sacó el anillo del bolsillo y lo entregó a uno de los investigadores. Lo había guardado para no perderlo en la ducha.

Ese anillo, más la serie de “pruebas” relacionadas con la ropa de cuero negra, inculparon a De la Fuente del crimen de su pareja. El forense Julio Macedo, hoy fallecido, determinó que las heridas que sufrió Busquet en el mentón y en el abdomen al ser asesinada coincidían “milimimétricamente” con las formas del anillo.

A esa supuesta prueba, se sumaron otros eventuales indicios: la víctima sufrió un golpe en el rostro que se interpretó que fue dado con el borde de la mano. Es decir, un probable golpe de karate. Como De la Fuente practicaba artes marciales, se lo procesó el 25 de mayo de 2009 como eventual autor del homicidio de Laura Karina Busquet.

Posteriormente, una Junta Médica echó por tierra la tesis del anillo descartando el razonamiento empleado por la Fiscalía cuando solicitó el procesamiento. Dicha junta indicó que la Fiscalía y el perito forense Macedo no tomaron en cuenta la elasticidad de la piel, que por esa condición “no necesariamente” reproduce fielmente las dimensiones de un objeto contundente y el hecho de que los piercing en cuestión son móviles.

Según consta en el expediente, “no existe ningún elemento que haga presumir que la víctima se encontraba en una de estas prácticas al momento de su fallecimiento, antes bien estaba manteniendo relaciones sexuales consensuadas como surge de la autopsia y el semen hallado no es el de mi defendido (De la Fuente)”. Así lo señala un escrito presentado por la defensa del entonces procesado.

Y agrega: “No existían huellas dactilares de mi defendido (De la Fuente) en el lugar del homicidio. El ADN masculino en la víctima no es de mi defendido. El semen encontrado en la víctima no es de mi defendido. El ADN femenino encontrado en las uñas de la víctima es un intento de defensa. Es femenino. Por tanto, no es de mi defendido”.

El entonces juez del Interior, Javier Gandini, resolvió absolver a De la Fuente al haberse rebatido las conclusiones del médico forense Macedo respecto a la coincidencia de las lesiones encontradas en Busquet con el anillo del entonces imputado. Es decir, se cayó el argumento principal de la Fiscalía por el cual sustentaba su teoría sobre el caso y se debilitó la prueba que existía para su condena.

Al no haber semiplena prueba en su contra, De la Fuente fue absuelto. La Fiscalía no llegó a tiempo para apelar y el fallo quedó firme en 2020. Habían pasado 11 años desde su procesamiento con prisión.

DAÑO MORAL

En 2021, luego de una frustrada audiencia de conciliación con el Poder Judicial por la reparación de la prisión indebida, De la Fuente inició un juicio civil. El expediente cayó en el Juzgado de lo Contencioso de 2° Turno, cuyo titular es el juez Alejandro Martínez de las Heras.

La demanda de De la Fuente, elaborada por el abogado Santiago Alonso, señaló que la decisión de la Justicia determinó el encarcelamiento del imputado durante casi ocho años, lo que le causó un perjuicio irreparable: pérdida de período de juventud, daño psíquico y moral.

“En efecto, el compareciente (De la Fuente ) pasó 2.597 días de tristeza, de amarguras y desesperación en una cárcel de alta seguridad como lo es el penal de Las Rosas acusado de un crimen no cometido por el enjuiciado”, dice la demanda civil realizada al Poder Judicial.

En la prisión, señala el escrito, De la Fuente se enfrentó a un mundo desconocido, hostil y violento donde sin eufemismo rige la ley de la selva o la ley del más fuerte y donde una persona de poca talla y peso como el joven, primario absoluto, de familia, tuvo que sufrir “múltiples vejámenes y atropellos”. Es decir, De la Fuente debió pagar “peajes” para estar tranquilo y mantenerse vivo.

Inclusive el imputado se encontró inmerso en el desarrollo de un motín carcelario donde participaron decenas de presos que corrían por los pabellones aullando y emitiendo gritos agudos de dolor a la vez que quemaban muebles. Luego vino la represión policial.

Alonso, quien no quiso hacer declaraciones a El País sobre el juicio, solicitó una reparación millonaria para su cliente por el daño moral sufrido.

En la demanda, el abogado reclamó para De la Fuente una indemnización por $ 85 millones (US$ 1.917.437 al dólar promedio de diciembre de 2021) por lucro cesante, daño emergente y daño moral. Esa cifra incluye los $ 2 millones solicitado para la madre de De la Fuente por los padecimientos sufridos desde su procesamiento en 2009.

En su escrito, el Poder Judicial manifestó su desacuerdo sobre la existencia, entidad y valuación de los daños alegados y reclamados por De la Fuente. No obstante, sí reconoció que hubo un daño moral sufrido por el demandante. Además, el Poder Judicial señaló que el joven estuvo 2.544 días en prisión y no 2.597 como se alegó en el juicio civil.

Ricardo de la Fuente: “Yo no sabía por qué estaba preso”
“Todo eso (los ocho años en prisión) sin que yo tuviera nada que ver. Me presenté (en la Policía) y comenzó un periplo. Si cometés un delito, sabés por qué estas. Cumplís la pena y te vas. Yo no sabía por qué estaba encerrado. El expediente me lo dieron a los dos años y medio de estar en la cárcel”, dijo Ricardo de la Fuente en una nota concedida a El País en 2020. Agregó que Maldonado es una ciudad chica. Y cuando caminaba por la calle, De la Fuente creía que lo juzgaban. Por eso expresó: “Yo llevo un cartel (por haber sido encarcelado). Es el peor cartel que te pueden poner en la cabeza. Cuando camino por el centro, parece que el cartel no se va a ir nunca”.

El 18 de julio de 2020, De la Fuente se enteró por su abogado Santiago Alonso que la Justicia lo había absuelto.

“Estoy empezando a vivir. Cuando se es procesado, se pierde el trabajo, la familia queda desconcertada. En 2009 se transformó mi vida por meros indicios”, afirmó.

Desde un principio de la investigación, De la Fuente negó ser el culpable. Pero nadie le creyó. En ese momento, recordó, hubo varios crímenes sin resolver en Maldonado. En este caso, supuso, se apresuraron en buscar un culpable. Expresó que, en la cárcel, “se congelaron” diez años de su vida. “Hay edificios nuevos, otra forma de hablar. La cárcel es un mundo con otro formato, otras reglas”, dijo.

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