Los investigadores comenzaron a estudiar el terreno en 2010 y decidieron desarrollar allí su proyecto porque “tiene rocas, buenos basamentos y en lo geomagnético se trata de una zona que no tiene perturbaciones”, explicó Sánchez a El Espectador.
Agregó que el primer sismógrafo del país, prestado por la Universidad de San Pablo, ya fue instalado y está listo para ser calibrado y comenzar a aportar los primeros datos. Cuesta entre 25 mil y 28 mil dólares, bastante menos que los 40.000 del magnetómetro que también se instaló en el observatorio y que es propiedad de la Facultad de Ciencias.
Los científicos están preocupados por la actividad sísmica que registra Brasil ya que, por continuación geológica, Uruguay no está libre de sufrir un terremoto. De hecho, Sánchez recordó que uno se registró en 1888 y que si el fenómeno se repite ahora, en un país con 3.000.000 de habitantes, “sería algo muy complicado para las personas, con construcciones que además no está hechas para soportar actividad de este tipo”.
El magnetómetro, en tanto, permite medir la intensidad del campo magnético terrestre y estudiar cómo las tormentas solares pueden alterar las tecnologías. “La idea es poder dar alertas al Sistema Nacional de Telecomunicaciones, con el cual tenemos un convenio, para darle los avisos pertinentes a Antel ante posibles perturbaciones en las líneas de celulares y trabajar con UTE por las corrientes inducidas”, explicó la investigadora.
La presentación oficial de este emprendimiento se realizará a fines de mayo, durante la Semana de la Ciencia y de la Tecnología.
(foto: Facultad de Ciencias)