Paganini aseguró que se prevé que la producción de hidrógeno y sus derivados represente, hacia el 2040, una facturación aproximada a los 2.000 millones de dólares anuales.
Además, se espera que el desarrollo de esta industria genere unos 35.000 puestos de trabajo directos en la construcción de plantas, su operación y mantenimiento, logística y educación técnica.
El hidrógeno verde se produce a partir de agua y energías renovables. Está previsto su uso para el transporte, energía térmica e industrial y materias primas, con la finalidad de propiciar la descarbonización.
El secretario de Estado señaló que Uruguay cuenta con fortalezas en la captación de inversiones privadas a largo plazo para el desarrollo de hidrógeno verde, por sus sólidos marcos regulatorios y su estabilidad institucional, política y legal.
“Es natural, como estrategia nacional, apostar al hidrógeno verde como la creación de un nuevo sector exportador, un sector que no existe en el país y que tiene un potencial de crecimiento importante”, señaló.
La presentación fue acompañada por el titular del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, José Luis Falero; la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Carolina Ache; su par del MIEM, Walter Verri, y los presidentes de UTE, Silvia Emaldi, y Ancap, Alejandro Stipanicic, entre otras autoridades.
También estuvo presente el ministro de Ambiente, Adrián Peña, quien dijo que, en lo que refiere a lo climático, es importante esta alternativa energética, porque colabora en la reducción de emisiones de anhídrido carbónico (CO2) que, en un 60%, corresponden al transporte.
Señaló que la producción de este elemento es una novedad a escala global y que desde la cartera se trabaja para adquirir experiencia sobre los recursos naturales necesarios, las condiciones de producción, almacenamiento y transporte. “Uruguay tiene oportunidades, capacidades y ventajas competitivas en esto”, aseveró.
Según explicaron las autoridades, la base de esta segunda transición energética son las transformaciones concretadas en la última década, que permitieron a Uruguay descarbonizar, casi en su totalidad, su matriz eléctrica y alcanzar un 97% de participación de energías renovables. En ese sentido, la calidad, abundancia y complementariedad de los recursos eólico y solar del país permitirán alcanzar costos competitivos para la producción de hidrógeno a escala.