Tres testimonios logrados por periodista de FM GENTE, solo coindicen en las causas por las cuales viven en la calle y no asisten a los refugios del Mides. Distintas historias de vida, de hombres que han cometido distintos delitos, aspecto que se transforma en la traba principal para obtener un trabajo formal.
La Policía está elaborando un registro de personas en situación de calle en jurisdicción de Maldonado y Punta del Este. El objetivo es obtener datos que permitan encontrar soluciones. Se los consulta sobre su estado de salud, su vinculación o desarraigo familiar, y de donde son oriundos, entre otras cosas.
La problemática de las personas en situación de calle, que en Maldonado se cuentan por decenas, preocupa a toda la ciudadanía y también a las autoridades. FM GENTE salió a las calles durante el fin de semana y se acercó a varios lugares donde proliferan personas en esta situación. No fue fácil obtener testimonios, pero tres hombres, con distintas realidades, aportaron algunos datos que permiten entender porque viven como viven.
Durante el día, en algunas zonas había personas durmiendo en distintos espacios públicos. Estaban en lugares que, por falta de actividad regular -como el entorno del Centro de Justicia, por calle Florida, en pleno centro de la capital departamental) se sienten seguros de que no los molestarán.
En otros lugares señalados por la audiencia de FM GENTE, como paradas de ómnibus, plazas y zonas de la costa con arbustos o pasarelas, no había nadie. Empero había residuos y otros elementos que daban la pauta de que había pernoctado gente no hacía mucho tiempo.
En los alrededores del refugio del Mides, en bulevar Artigas y calle Colonia, sí fueron encontrados algunos hombres que, con mucha desconfianza seguían al periodista con la mirada como preguntando que estaría haciendo por allí.
Tras la presentación e identificación como periodista de este medio, la primer pregunta fue si estaban dispuestos a dar su testimonio, contar como habían llegado a vivir en situación de calle. Roto el hielo, dos de ellos aceptaron pero pidieron ser identificados únicamente por su nombre de pila.
El primero fue Juan, que agradeció el acercamiento de FM GENTE para recoger su testimonio, y en forma muy clara respondió cada pregunta. El otro, de nombre Néstor, fue un poco más parco y con respuestas muy escuetas contó detalles de cómo llegó a la actual situación.
Contó que está en la calle a partir de un accidente (tiene pendiente una intervención quirúrgica), “se me vino el mundo abajo, además de tener antecedentes”, que lo llevaron a alejarse de su familia. Estuvo privado de su libertad, lo que dificulta conseguir trabajo, pero aún con problemas de salud se siente con capacidad para realizar cualquier tipo de tarea.
Respecto a los refugios, afirmó que “no todos estamos de acuerdo, por el trato, como son las normas, verdad?; aparte al refugio solo puedo ir a dormir, y todo el resto del día?” preguntó Juan, confirmando porque cada mañana los residentes de esos espacios deambulan por distintos puntos de la ciudad.
Ya fuera de la entrevista, Juan aclaró que es oriundo de Maldonado, y que es hijo del propietario de una clínica especializado en tratamientos traumatológicos de Punta del Este. “Conozco otros países, hablo inglés, francés, y míreme ahora: haciendo changas y durmiendo en la calle”, concluyó.
Por su parte Néstor, dijo que está en situación de calle, porque al contar con antecedentes es más difícil lograr ayuda. Es de Montevideo pero hace 25 años que se encuentra en Maldonado. Estuvo en la cárcel de Las Rosas tres veces, dos de ellas por rapiña, por “la necesidad de comer, de mantener a mi hijo, de tener un techo”, aseguró.
Néstor tampoco estuvo nunca en un refugio y subrayó algunas trabas para ingresar, por ejemplo el caso de quienes tienen alguna mascota. Se mantiene haciendo changas y es uno de los tantos autodenominados “cuidacoches” que eventualmente se encuentran en distintos puntos de la ciudad.
En avenida Cachimba del Rey, frente a la sede del Centro Universitario Regional Este (Cure-Maldonado), se encontraba un hombre mayor acomodando pequeñas ramas de algún tipo de arbusto en una mochila. El periodista de FM GENTE se acercó, se presentó y logró una interesante charla con quien fue el único que quiso identificarse.
Resultó ser -además de un ciudadano en situación de calle- uno de esos personajes que toda ciudad tiene, que son divertidos y están cargados de experiencias de vida: Carlitos Pose Garayalde, más conocido como “El espejito”, apodo que lo identifica por dedicarse justamente desde hace unos 20 años a la venta de espejos.
Con una verborragia muy particular cuenta muchas cosas y responde cada pregunta; una que se destaca y que coincide con los otros testimonios: la situación de los refugios. Aseguró que llega la gente bajo los efectos de drogas y alcohol y que eso provoca la imposibilidad de dormir, porque incluso se producen robos de las pocas pertenencias que carga cada día.
“El Espejito”, dijo que por problemas familiares dejó su casa en la ciudad de San Carlos, y también admitió que tiene un antecedente penal de hace unos 20 años cuando discutió por un terreno en esa ciudad que, “me había dejado mi abuela”. No dio detalles respecto al delito que le imputaron en aquella ocasión.
Aseguró que nunca tocó nada ajeno. Vende yuyos, piñas y diarios, entre otras cosas. Dijo que lamentablemente no se puede ir a un refugio por los problemas de convivencia que se producen, e insistió en que, “hay gente que entra en muy mal estado”, refiriéndose a quienes llegan tras haber consumido alcohol o drogas.
Dijo que lava sus pocas prendas de vestir en una cañada contigua a la sede del Cure, que “está limpita”. Ya eran las 17.40, se acercaba el anochecer y el paisaje cambiaba, porque al observar a ambos lados de bulevar Artigas, ya en la zona del barrio Scalone, parecía comenzar una película de zombis.
Se iba acercando gente (hombres, mujeres, jóvenes) lentamente, con cargas sobre sus hombros, con vestimenta en mal estado y caras de muy pocos amigos. Un grupo se instaló en el cantero central cerca de la avenida; otros conversaban entre ellos y varios solo miraban al suelo como con resignación.
El periodista de FM GENTE se acerca, se presenta y pregunta si alguien estaba dispuesto. Hubo silencio por un lado y por el otro quienes decían “habla tu”. Nadie aceptó pero además se percibía la incomodidad que esa presencia les estaba provocando. Alguno espetó: “tas loco, después viene la cana y nos lleva”.
Empero, un poco más separado de ese grupo un hombre que mantenía la mirada hacia el refugio dijo: “yo a veces escucho la radio y siempre están apoyando a la gente, pero este problema no tiene arreglo, los refugios quedaron chicos, el agua caliente no alcanza pa’ bañarse porque los calefones son chicos, difícil pa’ lavarse la ropa y ni que hablar poder dormir”.