Son menos de diez puestos todos ocupados por personas de entre cuarenta y setenta años, que pagan trimestralmente por su espacio ante el Municipio de San Carlos.
"Estamos luchando por un fenómeno mundial que gusta mucho y entretiene a la gente todo el año. Luchamos para que haya confort para los turistas, ya que esta es una zona de viento y lluvia, pero apenas tenemos medios", remarcó la feriante.
La actividad es tan sacrificada que, según dijo, varios mantienen la mercadería en sus puestos durante las 24 horas del día para evitar riesgos de rotura de finas y delicadas piezas, algunas muy antiguas, en los traslados.
La mujer dijo que recibieron "versiones" de un inminente cierre y que han visto a funcionarios del Municipio de San Carlos recorrer la zona y tomar fotografías, como si efectivamente pensaran clausurar ese espacio.
"Estamos con una espada de Damocles", comentó, para manifestar su incertidumbre por el destino de ese espacio, ya que no han recibido ninguna comunicación oficial de las autoridades.
(foto: archivo El País)