Allí, todo lo que para muchos es desecho se transforma en un recurso. Electrodomésticos, herramientas, piezas de vehículos e incluso antigüedades se rescatan, reacondicionan y se ponen a la venta. Se trata de un mercado informal que sostiene a muchas personas día a día.
Los recolectores viven de lo que encuentran, trabajan con lo que otros desechan y, en medio de la precariedad, generan un circuito económico.