En el año 2002 se estableció, mediante la Ley Nº 17.557, declarar el primer viernes de octubre de cada año como el Día nacional de protección de la ballena franca austral con el objetivo de fomentar acciones tendientes a la preservación de esta especie.
Así como ocurre en otras partes del Hemisferio Sur, y especialmente en la región, las ballenas francas llegan a sus sitios reproductivos para parir, amamantar a sus crías o aparearse.
Aunque continúa siendo una especie amenazada, se recupera de su extinción y representa una oportunidad para las comunidades costeras mediante el turismo responsable -por tierra o por mar- y constituye un símbolo para la conservación marina, y del Santuario de Ballenas y Delfines.
Entre los meses de julio y octubre de cada año no se alimentan; por lo tanto, la protección de esta especie es vital para su reproducción.