La crónica que Diego Fischer realizó de aquella celebración mostraba a una señora “ágil y lúcida”, con una agenda “propia de una persona de 60 años”.
“Sigue integrando el Consejo Directivo de la Escuela Roosevelt y siempre está dispuesta a tender una mano, dar un consejo, o escuchar a quien lo necesite. Nunca pierde la sonrisa, siempre encuentra el lado positivo a las cosas”, narraba.
Seguramente así la recordarán quienes la conocieron.