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Policiales y Judiciales 13:41

Familiares del joven que murió bajo tutela del INAU viven en Maldonado; hace 15 días que aguardan resultados de la autopsia y explicaciones de lo ocurrido

Andrés Silva, de 15 años, fue encontrado muerto el 31 de diciembre en la bahía de Montevideo, después de salir sin aviso del hogar Tribal del INAU

Escribe Elena Risso

“Andrés se mató”. El mensaje llegó por WhatsApp en los primeros minutos del 1° de enero de 2026 al celular de Diana*. Estaba con su familia en su casa de Maldonado Nuevo y lo único a lo que atinó fue a pedirle a su marido que bajara un poco la música que sonaba de fondo, como en tantas casas que daban la bienvenida al nuevo año.

Diana no podía sacar los ojos del celular. Su sobrina, la madre de Andrés, le había escrito ese mensaje, el peor que una madre puede escribir. Fue después de que Diana la saludó por el Año Nuevo, mientras los fuegos artificiales iluminaban la noche de Maldonado y de Sayago, un barrio de Montevideo donde vive la familia de Andrés.

Preguntó qué había pasado, su sobrina le respondió que no sabían. Diana no dijo nada y, como pudo aguardó a que la fiesta de fin de año se fuera apagando. Tenía un motivo de mucho peso para guardar silencio: en la casa estaba Inés, la hermana menor de Andrés, que vive con ella y su familia desde hace tres años, cuando la retiraron de un hogar del Instituto del Niño y del Adolescente (INAU), donde estaba a la espera de ser adoptada.

Andrés Silva, un joven de 15 años que estaba desde el 11 de diciembre en el hogar Tribal del INAU, en Montevideo, apareció muerto en la bahía de Montevideo, a la altura del barrio Capurro, el último día del año del 2025. Se había ido del hogar sin aviso y hasta ahora no se conocen detalles de lo ocurrido. Según fuentes del INAU, si bien faltan los detalles finales de la autopsia, los primeros reportes indican que murió ahogado.

De acuerdo a otras fuentes consultadas por FM GENTE, la familia aun no pudo ver el cuerpo del joven fallecido y tampoco se sabe qué fue lo que le ocurrió: si se ahogó, si lo mataron, si se cayó. Solo saben que estaba en la orilla, tendido sobre la arena. Primero dijeron que tenía una soga al cuello, luego lo negaron. No saben si estaba vestido o desnudo.

Su familia pidió para ver el cuerpo; dicen que se lo negaron. Su abuela quiere darle sepultura a su nieto, pero le responden que falta el resultado de la autopsia. Pasaron 15 días, no saben dónde estará Andrés; presumen que su cuerpo descansa en la fría morgue, pero tampoco lo saben con certeza.

La muerte de Andrés no fue comunicada en su momento por el INAU, sino que se conoció esta semana a través del programa Las cosas en su sitio de radio Sarandí.

El anuncio se produjo 48 horas después de que el INAU anunció la muerte de un niño de 10 años que estaba bajo tutela del organismo en un centro de salud mental. En la mañana del domingo, cuando fueron a despertarlo, estaba muerto. La noche anterior se había acostado sin ningún problema de salud. Al igual que en el caso de Andrés, todavía no se conocen los resultados de la autopsia.
En menos de 15 días, por distintas circunstancias, dos niños que estaban bajo tutela del INAU murieron. Dos niños al cuidado del Estado, que estaban ahí porque, por distintas razones, era mejor que vivieran en esos hogares que con sus familias de origen.

Hoy dos familias lloran la muerte de esos menores, e incluso hay quienes se reprochan el haberlos dejado ahí, con un cierto dejo de culpa que no debería existir. Porque en estos casos, como en otros tantos, el responsable de velar por la integridad de esos menores era el INAU, el organismo del Estado destinado a esos fines.

Madre esquizofrénica y padre ausente

La llegada de Andrés al hogar del INAU es el resultado de un largo collar de situaciones de problemas de salud mental y vulnerabilidad. Andrés asistía a una escuela especializada por razones vinculadas a patologías de salud mental. Este año, que terminaba los cursos en la escuela, tenía pensado inscribirse para aprender algún oficio. Su hermano mayor va al liceo.

El padre de Andrés y de su hermano mayor es un militar hoy retirado del que poco se sabe. El único vínculo que lo liga a sus hijos es que, por el hecho de ser militar, ellos podían atenderse en el Hospital Militar. Dicen que incluso intentaron comunicarse con él, sin éxito, para que se hiciera cargo de los gastos del sepelio del adolescente.

Su madre es esquizofrénica. Hace diez años, estaba en una audiencia cuando comenzó con trabajo de parto y fue derivada a un centro de salud. No está claro qué hacia la mujer en esa audiencia: su familia dice que no hubo hechos delictivos, sino que fue por temas relacionados con su patología clínica.

Inés nació poco después. En su partida de nacimiento figura padre desconocido y el apellido de su madre. La Justicia la derivó a un centro del INAU: una madre esquizofrénica con dos hijos chicos a cargo y un padre desconocido, no parecían ser el mejor lugar para que le beba creciera.

Estuvo tres años en ese hogar hasta que Diana y su marido, tíos de la madre, decidieron traerla a su casa de Maldonado. Lo hicieron justo antes de que la dieran en adopción. Diana no tiene más que palabras de agradecimiento para el INAU de Maldonado por cómo los ayudó en el proceso.

Inés se instaló en su nuevo hogar en Maldonado Nuevo con las tres hijas -ya adultas- de la pareja. Va a la escuela y practica natación en el Campus de Maldonado. Nunca perdió el contacto con su madre, su abuela y sus hermanos, a quienes visita cada vez que va a Montevideo, cuando concurre a tratarse el asma que arrastra desde chica en el Hospital Pereira Rossell. Por eso cuando, cuando al inicio del 2026 Diana recibió la noticia que cambió la vida de la familia, no tuvo fuerzas para hablar con ella y tuvo que esperar hasta el día siguiente.

La abuela de Andrés tenía la tutela de su nieto menor y también de su hermano mayor y de su madre. Dicen que la madre de Andrés ahora está estabilizada bajo tratamiento psiquiátrico, pero que es la abuela la jefa de familia de ese hogar en Sayago, que hoy está batallando para saber qué pasó con su segundo nieto.

La vida de Andrés no era sencilla. Si bien estudiaba y quería aprender algún oficio, también tenía problemas de salud mental que hacían su vida inestable. Quienes lo conocen no saben si era esquizofrenia u otra patología que le provocaba trastornos y brotes de conducta que alteraban el funcionamiento familiar.

No podía salir solo de su casa; una camioneta lo llevaba y lo traía a la escuela especializada. El 11 de diciembre su madre y su abuela llamaron a la Policía porque, según indicaron las fuentes, no podían con él.

La Policía lo llevó al hogar Tribal del INAU para que tuviera la contención y estabilización que no lograba en su hogar por su patología. No fue su primera internación en un centro del organismo. Años antes, Andrés había estado en otras dependencias del organismo de forma transitoria. En determinado momento salió del sistema y no volvió a ser contactado.

Quienes lo conocían aseguran que tenía buena relación con su familia, pero que cada tanto tenía brotes que sacudían el funcionamiento familiar y podían provocarle daños a él o a terceros. El último en la casa ocurrió el 11 de diciembre de 2025.

Entre el 11 y el 31 de diciembre la madre y la abuela de Andrés lo visitaron en el hogar Tribal. Lo vieron bien, y aseguran que les contó que tenía pensado hacer distintos talleres de oficios.

El Tribal es un centro que se supone que tiene una fuerte custodia y donde los menores están sometidos a estrictos controles. De ahí, no se sabe cómo, se fugó Andrés pasadas las cinco de la tarde del último día del año. Después llegó la peor de las noticias.

La familia volvió al Tribal para llevarse las pertenencias de Andrés. Dicen que faltan algunas cosas, entre ellas la computadora, que no saben si está a estudio de la Fiscalía o alguien la robó; aseguran . que no les dieron información sobre lo sucedido.

Tampoco recibieron contención del INAU. Por eso su tía Diana pidió hora en el pediatra, para que Inés pueda ser derivada a un psiquiatra, para ayudarla a transitar el duelo de la muerte de su hermano.
Mientras tanto, el hogar Tribal -el mismo en el que al año pasado se suicidó un joven- la situación interna no es la mejor, indicaron otras fuentes consultadas por FM GENTE. Aseguran que hubo cambios en el personal y en los mandos medios y que eso afecta el funcionamiento diario del centro.

Un centro que debe ocuparse de la salud de jóvenes como Andrés, que llegó buscando una contención y una estabilidad que no encontraba afuera, y 20 días después apareció muerto en la orilla de la playa de Capurro.


* Los nombres, excepto el de Andrés, fueron modificados para esta nota

Foto: Fachada del INAU

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