En verano este número crece considerablemente e incluso duermen debajo de las pasarelas de madera ubicadas en la costa y utilizan los baños de la terminal de Punta del Este.
La preocupación está centrada en que estas personas algunas veces violentan fincas o viviendas deshabitadas para asentarse allí.
Hasta el momento no se ha encontrado una solución a este asunto que ya es recurrente.