Fernández, destacó, además, que “en las épocas de crisis es cuando nosotros más trabajamos”, porque la gente opta por arreglar sus zapatos en vez de comprar unos nuevos.
Sostuvo que se trabajaba más cuando se importaban zapatos chinos o de otras nacionalidades. “Porque viene lo zapatos, pero no vienen materiales para repararlos. El material para reparar es toda industria nacional y es carísimo. Las suelas, la goma… Eso es muy caro”, agregó.
Por otra parte, indicó que las modas han cambiado. “Antes, los hombres salían de mocasines, por lo menos, y no de ‘ojotas’ o ‘croc’ como ahora. Y las mujeres salían a mirar vidrieras con zapatos de taco alto. Y le cambiaban el chapita de los tacos. Eso no existe más. Y los zapatos de hombre resistían cinco o seis media suelas, sin problemas”, remarcó.
Añadió que muchas veces hay que decirle al cliente que sus zapatos no se pueden arreglar, porque no hay materiales compatibles porque ya cumplieron su ciclo. Resaltó que, pese a los avances de la tecnología, este trabajo sigue siendo totalmente artesanal.
Asimismo, informó que quedan muchos calzados y mochilas para reparar que nunca se retiran. Dijo que, en esos casos, tras un tiempo prudencial y un aviso al cliente, estos materiales terminan siendo donados. “Y tenemos una troja de zapatos solos, sin par”, remarcó.
Apuntó que su hijo, que hace 28 años que trabaja, “es hoy el encargado del taller… Ahora es prácticamente imposible encontrar gente que quiera iniciarse en este oficio”, enfatizó.
foto: Google Maps