El personaje de esta historia, Alvaro Pascual Arias Maciel, poseedor de varios antecedentes penales, decidió robar un comercio de su barrio, Cerro Pelado.
Llegó hasta el local, le mostró una gran cuchilla al comerciante y a partir de ese momento escogió lo que quería llevarse: un par de atados de cigarrillos, tres desodorantes, y dos litros de vino. Luego se marchó sin siquiera preguntar cuánto debía.
El comerciante, al radicar su denuncia en el destacamento de la zona, confesó que conocía bien al hombre que había hecho eso y que sabía que era un delincuente conocido. Esto explicaría el escudo en el que pretendió esconderse Arias Maciel al actuar como lo hizo: guiado por el temor, el comerciante no se atrevería a denunciarle.
Sin embargo, el damnificado decidió radicar la denuncia policial, tal vez, adivinando que si no lo hacía estaba abriendo la puerta para que este hombre le robara de forma permanente en el futuro, con la mayor impunidad.
La policía confirmó cuando el comerciante radicó la denuncia que se trataba de un delincuente conocido. Obtuvieron orden de allanamiento para la vivienda de Cerro Pelado, donde detuvieron a Arias Maciel y le trasladaron al destacamento.
Se avisó al juzgado en lo Penal de 4º turno de lo ocurrido. La juez en la que recayó el caso se pronunció en las últimas horas dictando el procesamiento como autor de un delito de hurto.
La magistrado dispuso también que el acusado fuera internado de inmediato a cumplir con prisión preventiva hasta que el proceso judicial se complete con una sentencia sobre su forma de proceder.