Este domingo el gobierno nacional cumplirá su primer año de mandato bajo un clima de opinión pública caracterizado por un saldo negativo de imagen de gestión: mientras los uruguayos que consideran la gestión gubernamental “muy buena” o “buena” alcanzan el 23%, quienes la catalogan como “mala” o “muy mala” llegan al 38%.
Se trata de un escenario con similitudes al que enfrentaba la segunda gestión de Tabaré Vázquez al cabo de su primer año de gestión. En cambio, el contexto es bien diferente al que caracterizaba en su momento tanto a los dos primeros ciclos de gobierno del FA como al reciente gobierno de la Coalición Republicana. En todos estos casos, los juicios positivos superaban con claridad a los juicios negativos al cierre del primer año de gestión,
En los cuatro trimestres transcurridos del actual gobierno, esta es la primera oportunidad donde la aprobación de la gestión tiene una caída relevante. El 23% de aprobación actual es 5 puntos inferior al registrado en el último trimestre de 2025 y 7 puntos inferior a la primera medición realizada de este ciclo. A su vez, la desaprobación ha mostrado una tendencia de crecimiento en todos los trimestres y es hoy el doble de lo que registraba el gobierno al comienzo de su mandato (38% versus 19%).
Respecto al trimestre anterior específicamente, el porcentaje poblacional con juicios negativos trepó 8 puntos. A su vez, sigue siendo muy significativo el segmento poblacional con una mirada neutra o mixta de la gestión: un 37% califica la labor del gobierno como “ni buena ni mala”, guarismo muy similar al registrado en el pasado trimestre (39%).
Al segmentar la imagen de gestión según voto anterior, se constata la fuerte división por electorados. Entre los votantes del FA en las elecciones de octubre de 2024, 44% aprueba la labor del gobierno y un minoritario 13% la desaprueba. En cambio, solo un 8% de los votantes de la CR tiene juicios positivos sobre el gobierno, en tanto un mayoritario 61% lo desaprueba. Al mismo tiempo, en los dos segmentos electorales principales hay indicadores de deterioro de la imagen de gestión gubernamental. Al interior del FA, esta es la primera vez que menos de la mitad de sus electores aprueba la labor del gobierno; en el trimestre previo, 57% de los frenteamplistas calificaban el desempeño del gobierno en forma favorable.
La caída de la aprobación al interior de los votantes del FA es el principal factor explicativo del descenso generado en el total de población uruguaya. Entretanto, en el electorado coalicionista, la aprobación de la gestión no registra variaciones respecto al trimestre anterior, donde también un 8% opinaba que era “muy buena” o “buena”. Sin embargo, se observa en estos votantes un incremento apreciable de la desaprobación, que trepa del 48% al 61%. Por tanto, así como la caída de la aprobación está mayormente explicada por cambios al interior del electorado oficialista, el crecimiento de la desaprobación se produce fundamentalmente por modificaciones entre los electores opositores.
Por último, si nos referimos a la mirada de los uruguayos sobre el desempeño del Presidente Orsi en particular, hay una división pareja en tercios, con un 29% que lo aprueba, un 33% que lo desaprueba y un 37% con juicios intermedios. Aunque también en este caso las opiniones negativas superan a las positivas, queda en evidencia que los uruguayos tienen una mirada algo más crítica del gobierno en su conjunto que del desempeño del Presidente en particular. En comparación al trimestre previo, también se registra un deterioro de la imagen presidencial respecto al trimestre previo, dado que la aprobación cede 5 puntos y la desaprobación varía al alza 3 puntos.
En suma, el cuarto ciclo de gobierno comandado por el Frente Amplio en la historia del país cumple su primer año en el marco de una imagen de gestión que presenta dos claros desafíos al oficialismo. Por un lado, sus guarismos de aprobación son minoritarios y muy inferiores al capital electoral conque el FA emergió de las pasada elecciones nacionales. Simultáneamente, desde sus inicios el gobierno experimenta una tendencia caracterizada por un deterioro continuo de su imagen de gestión debido a un doble proceso: la pérdida de apoyo explícito por parte del electorado oficialista y el crecimiento continuo de la desaprobación al interior del electorado opositor.