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Herraiz, eduación acuatica, niño, bebe
Interés General 12:00

"Hace 11 años que vengo luchando por la prevención del ahogamiento infantil y lo que siento es una enorme tristeza", dijo especialista

Guadalupe Herraiz señaló que la supervisión adulta, el cerco perimetral y las herramientas de seguridad son claves para evitar accidentes en el agua.

La especialista en educación acuática Guadalupe Herraiz se refirió a los recientes casos de niños que cayeron a piscinas en distintos puntos del país y advirtió sobre los riesgos del ahogamiento infantil. Fue en diálogo con la Contratapa de la Revista de FM GENTE donde remarcó que se trata de un accidente prevenible y que ocurre sin señales previas.

“Hace 11 años que vengo luchando por la prevención del ahogamiento infantil y lo que siento es una enorme tristeza. Empatizo con el dolor de las familias y eso motiva a seguir dando un mensaje preventivo”, expresó.

Herraiz explicó que existe una percepción errónea sobre la relación de los niños pequeños con el agua. “Que un bebé haya estado en un medio acuoso durante la gestación no quiere decir que el medio acuático sea su medio”, afirmó, y recordó que el ahogamiento es la principal causa de muerte accidental en Uruguay en niños de 1 a 4 años.

Según detalló, el contacto temprano con grandes volúmenes de agua genera una falsa sensación de seguridad. “El agua es un elemento súper estimulante para el sistema nervioso del niño, pero no le da oxígeno. El bebé puede cerrar la glotis solo unos segundos y luego necesita aire”, señaló.

La especialista indicó que el ahogamiento infantil ocurre de forma rápida y sin ruido. “Es escalofriantemente silencioso. El niño que no sabe flotar se va para abajo sin previo aviso y no vuelve a pedir ayuda”, sostuvo.

Herraiz enumeró tres barreras fundamentales para la prevención: “La supervisión del adulto, el cerco perimetral y que el niño tenga herramientas de seguridad en el agua”. Aclaró que cuando ocurren accidentes “es porque fallaron esas tres barreras”.

También desaconsejó el uso de flotadores. “Generan una postura vertical y una falsa sensación de seguridad, tanto en el niño como en los adultos”, explicó. Agregó que el cerebro del niño interpreta el agua como un entorno seguro y divertido, sin desarrollar la capacidad de buscar aire.

En relación al aprendizaje, indicó que las clases tradicionales de natación no garantizan seguridad. “Nadar no salva a los niños ni siquiera a los adultos. Lo que salva es saber flotar”, afirmó. Como ejemplo, relató el caso de un surfista experimentado que logró sobrevivir gracias a la flotación tras perder su tabla en el mar.

Finalmente, recomendó limitar el contacto de los niños pequeños a láminas mínimas de agua. “Basta con menos de 15 centímetros para que se cubran las vías aéreas. Hay que dejar de pretender que los niños se diviertan en grandes volúmenes de agua”, concluyó.

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