Sin embargo, expresó que se encontró con una ciudad poco accesible y amigable con el peatón. “Lo que he notado es como un cierto olvido del peatón”, manifestó.
“No hay veredas podotáctiles (superficies con texturas en relieve diseñadas para orientar y proteger a las personas con discapacidad visual), no hay semáforos sonoros, en las paradas de autobús no hay indicación de qué bus para allí”, enumeró.
En esa línea se refirió a los transeúntes con otras discapacidades. “Mi madre circulaba en silla de ruedas y, si bien es cierto que en casi todas las esquinas hay bajada para la silla de ruedas, por lo menos en la península, algunas no están en buen estado, algunas están pintadas, otras no”.
También se refirió a la obra en la Calle 31, en el tramo ubicado en la parte posterior del edificio Nogaró. Según señaló, la vereda fue construida utilizando cuatro tipos de pavimentos diferentes. “¿Las autoridades no pasean, no caminan, no tienen visión de la estética del lugar?”, criticó.
Barañano expuso que se tiende a priorizar las inversiones extranjeras y cuestionó la desatención hacia la movilidad y seguridad del peatón. Denunció que, a pesar de que se retiraron las terrazas de los restaurantes, la proliferación de puestos informales, tianguis y estructuras improvisadas continúa obstaculizando la libre circulación de los transeúntes.
“Camino por la calle porque me da miedo caminar por la vereda. Eso no puede ser. Sea yo, con discapacidad visual, o sea cualquier peatón, no condice con lo que se quiere de Punta del Este”, reflexionó.
“Caminen por la esquina de Roosevelt y Tarradell, es imposible cruzar, y estamos a 300 metros de la Intendencia. Esas son las cosas que las autoridades también tienen que ver. Este tema yo lo planteé antes a las autoridades que iban a ser electas y no veo solución”, lamentó.
Foto: rambla de Punta del Este