Los efectivos policiales decidieron aproximarse al hombre y dialogar con él para asegurarse de que no causaría problemas a partir del evidente estado etílico en el que se encontraba.
Cuando le pidieron identificación, el abordado la emprendió a insultos y actos de falta de respeto a la autoridad, lo que decidió a los efectivos a marcharse con él a la comisaría: el personaje acababa de dar muestras concretas de que podría causar algún incidente en cualquier momento.
Identificado en la sede policial, y tranquilizado su humor, se procedió a avisar al juez de turno lo que estaba ocurriendo.
El magistrado formuló alguna interrogante para asegurarse que había entendido bien lo que había pasado, y dispuso que le mantuvieran encerrado hasta que se le pasara el estado etílico.
Una vez que recobrara la lucidez plena, que le dejaran ir, con resaca y todo. El hombre fue liberado horas más tarde de su detención.