“Vieron que estábamos desesperados y simplemente empezaron a ayudarnos”, contó al recordar a dos vecinos que se acercaron al ver la situación. Los hombres realizaron llamadas y averiguaciones hasta conseguirles un lugar donde pasar aquella noche. También los ayudaron a encontrar un alquiler por un año, pero finalmente la familia terminó viviendo allí durante dos años.
“Yo me quedé completamente en shock. ¿Se pueden imaginar algo así?”, recordó Renat.
Su llegada al liceo de Piriápolis fue otro de los momentos que marcó su adaptación.
“Mi primer día lo voy a recordar por toda la vida. Yo no sabía hablar nada de español y estaba muy nervioso”, relató.
Antes de entrar a clase había aprendido una única frase: “Hola, soy Renat, tengo 14 años y soy de Ucrania”.
“Eso era literalmente lo único que podía decir”, explicó.
Cuando comenzó a hablar con sus compañeros, rápidamente se dieron cuenta de que no entendía prácticamente nada. Sin embargo, según contó, recibió ayuda tanto de sus compañeros como de los docentes.
“Mis compañeros siempre me dan un muy buen apoyo, me explican casi todo lo que yo no entiendo y también me enseñan a hablar las palabras uruguayas”, señaló.
Renat comparó esa experiencia con los dos años que anteriormente había vivido en Suiza y aseguró que en Uruguay encontró una sociedad más cálida y cercana.
Según relató, en Uruguay sus profesores le permitían utilizar el traductor durante las clases y sus compañeros lo ayudaban a comprender lo que se decía.
Con el tiempo también comenzó a incorporar expresiones locales. Entre ellas mencionó “pibe”, “ta” y “ñeri”, esta última aprendida, según recordó, durante su primer día en el liceo.
“Ahora, después de dos años, me doy cuenta de la suerte que tuve de haber llegado justamente a este liceo”, afirmó.
Los saludos, el mate y el fútbol fueron algunas de las costumbres que más llamaron su atención al llegar.
Sobre el mate, contó que durante mucho tiempo no entendía por qué los uruguayos llevaban un termo y un mate prácticamente a todos lados.
“En este país se siente una libertad increíble”, expresó.
Ahora está pensando en probar el mate y aseguró que grabará su reacción para compartirla con sus seguidores.
El fútbol también terminó llamando su atención. “Acá no es solo un deporte, es una religión, un culto si puedo decir así”, afirmó.
Pero el cambio más importante para Renat está relacionado con el futuro de su familia.
Después de dos años en Uruguay, compraron un terreno y comenzaron a construir su propia casa. “Ahora ya tenemos la estructura de nuestra casa y siento que ahora esto ya no es simplemente un lugar donde vamos a vivir. Poco a poco se convirtió en nuestro hogar”, contó.
Y agregó: “Ya me acostumbré a estas calles, a la playa, a la gente, y ahora entiendo que esto ya no es algo temporal”.
Con 16 años, Renat también contó que la construcción le permitió aprender numerosos términos en español y que incluso se comunica directamente con barracas para consultar por materiales, precios y coordinar compras.
Al mirar hacia atrás, el joven asegura que aquellos primeros días de incertidumbre quedaron muy lejos. “De verdad, soy re feliz”, concluyó.