Allí se le hará un diagnóstico y se iniciará un tratamiento tendiente a que “esto tan lamentable no sea algo que vuelva a suceder en la vida de estos gurises y en la vida de un individuo”, indicó el jerarca.
Remarcó que “por suerte” no es un hecho común al que los uruguayos estemos acostumbrados, pero advirtió que es necesario estar preparados para dar contención y abordarlo.
En este caso, se intentará “definir la complejidad del hecho” mediante una “mirada clínica, terapéutica, educativa y social” del niño y su entorno. De allí surgirán las posibles explicaciones del hecho y partirán las intervenciones a realizar.
“Tenemos que padecer el sufrimiento de las víctimas, de la comunidad, de la escuela y de todo el entorno. Y dejar claro que hay que intervenir con la mayor responsabilidad en el asunto”, comentó.
TOTALMENTE ATÍPICO
Barboza enfatizó que, en los últimos dos años, solo un adolescente menor de edad estuvo vinculado a un homicidio en Maldonado: “solo el 1% está vinculado a este tipo de infracción; un hecho de muerte de estas características es tremendamente inédito”.
El caso del adolescente de 14 años y del niño de 11 que mataron a golpes, machetazos y puñaladas a Johnatan Estela, no es comparable con ningún otro.
A juicio de Barboza, esta no es una situación que pueda atribuirse al contexto socio-económico de víctima y victimarios: los tres estaban dentro del sistema formal de educación y pertenecen a familias trabajadoras, informó.
“Esto es difícil de comprender porque, por suerte, no es común. Esto es algo que rompe el esquema que tenemos. Esto no se explica por una situación socio-económico, para nosotros es una situación más patológica”, concluyó.