Indicó que esto se da a la luz de problemas que se han registrado en litigios internacionales, especialmente en Canadá y Estados Unidos, donde se han presentado documentos que no tenían la constancia notarial y que han retrasado los procesos. “Eso enlenteció el proceso, porque las partes tuvieron que comparecer para expresar que, efectivamente, las firmas puestas en el documento eran las suyas propias… Esto significa una pérdida de tiempo y también de recursos económicos. No es menor la participación de los escribanos en todas las instancias… Y también en instancias judiciales”, subrayó.
“Muchas veces pensamos que agregar la figura del escribano lo que hace es sumar burocracia. Pero cuando llegan las instancias, lo que hace es más ágil el proceso. Decimos siempre: a notaría abierta, juzgado cerrado”, añadió.