Un día el prefecto estaba en su oficina, y entra una funcionaria y le dice: “mire, hay un llamado de una señora que está denunciando un caso de contaminación visual” ¿Que pasará?, pensó.
Le pasan el teléfono y la señora dice: “No sé si es el lugar adecuado pero yo quería denunciar que estoy en la terraza de mi apartamento en el 8º piso y estaba viendo la isla hasta que se puso un crucero adelante y no la vi más”.
El prefecto miró la hora y vio que eran las 4 y media de la tarde. Sabiendo que los cruceros se van, a más tardar, a las seis de la tarde, le dice a la turista: “Mire, señora, no le digo exacto pero usted quédese tranquila que a más tardar en una hora, hora y cuarto yo se lo hago sacar”.
Laventure entiende que el caso es un ejemplo de cómo las autoridades locales buscan siempre contentar al turismo y darles la mejor respuesta a sus intereses. “Uno a veces tiene que adoptar esa tesitura. Es una manera de dar servicio y poner siempre la mejor cara.”