Cuando llegó la policía, encontró a Salaberry Suárez y a su aprehensor que declaró haberlo perseguido tras ver que había robado a una señora en Avenida Alvariza.
La versión fue corroborada mediante la investigación de los registros fílmicos de las cámaras de seguridad de la Jefatura, colocadas en las inmediaciones donde se registraron los hechos.
A la víctima del arrebato se le entregó, bajo recibo, la totalidad de los efectos robados.
El detenido permaneció en la seccional policial hasta comparecer ante la justicia que lo condenó, como autor penalmente responsable de la comisión de un delito de hurto especialmente agravado, a la pena de diez meses de prisión con cumplimiento efectivo.