Indicó que, luego de haber pasado más de tres mil casos por el programa, se ha comprobado que las tobilleras “han protegido la vida de la víctima. Una debilidad es cuando esa herramienta se empieza a usar más tiempo del recomendable. Es decir, que se empieza a visualizar como única herramienta para enfrentar los problemas de violencia doméstica”.
Zabaleta agregó que, “por supuesto, que sabemos que las denuncias son muchas más que las tobilleras que hay. Pero nos preocupa que, alrededor de un 60% de los casos, unas 800 de las tobilleras activas, refieren a prórrogas. Quiere decir que el plazo inicial se cumplió y se evaluó la prórroga en el programa”.
“Eso se trasforma en una debilidad, porque estas herramientas tiene que ser usadas en el periodo de crisis, para buscar salidas y no como la única medida a la que tiene acceso esa víctima”, subrayó
Explicó que la prórroga se determina por una orden judicial. “Pero nosotros entendemos que hay responsabilidades en todas las instituciones que trabajamos en la temática en mejorar las herramientas que se le brindan a la Justicia y que los jueves puedan tener una evaluación del riesgo con muchos más elementos que los que tienen hoy por hoy”, precisó.
La jerarca dijo que, luego del periodo de uso de la tobilleras, “hay que estudiar caso a caso” las herramientas a utilizar.