Señaló que hay dos tipos de sillas, una para traslados y otra más especializada. “Hay que considerar que la silla de rueda forma parte del equipamiento necesario de las personas con discapacidad motriz. No es un accesorio, es una prescripción médica” y destacó la importancia de que se atienda ahora también a la población que las necesita en el interior del país.
Gabriela Reiris, de APRI, dijo que, desde el comienzo del proyecto, “la idea era llegar al interior. Buscamos lugares que estuvieran cerca, porque los donantes querían entregar las sillas ellos mismos… Elegimos Maldonado, encontramos buena recepción para el trabajo. Fuimos a Lavalle y a Aiguá… O sea que estuvimos cerca”.
“Vamos a seguir, porque vivieron 250 sillas en este primer contenedor. Esta es una prueba piloto. Estamos haciendo un gran esfuerzo para llegar aquí, porque somos una institución sin fines de lucro. Por suerte, temeos un micro que hace poco nos donó el área social del BPS. Pero estamos felices, porque llegamos al interior y vamos a ir a lugares más lejos”, resaltó.
Destacó que las sillas donadas, cuentas unos 10 mil pesos, si el usuario las tiene que comprar. “Son estándar, pero con el posa pies y los posa brazos desmontables”, explicó.