El comando de la comisaría decidió enviar de inmediato personal policial al lugar. Los policías confirmaron que la puerta había sido dañada.
Se dispuso un patrullaje inmediato por la zona. Al poco rato advirtieron que un bien conocido personaje por sus andanzas delictivas, andaba como zonceando por allí cerca.
Decidieron detenerle en averiguaciones con lo ocurrido en el comercio. Se trataba de A.E.F. (iniciales de nombre y los dos apellidos), de 25 años de edad.
Más que la identidad del detenido, lo que realmente sorprendió a los policías es que A.E.F. debía estar cumpliendo una medida cautelar (generalmente se aplica arresto domiciliario) por otro juicio que indaga su responsabilidad en otro hecho delictivo. Con su deambular callejero ya había incurrido en otro delito: desacato al juez que le procesa.
Al rato de tener a A.E.F. en la comisaría, llegó a la sede policial el dueño del comercio para radicar una denuncia sobre lo ocurrido. Obtenida la denuncia, los policías avisaron del caso al juzgado en lo Penal de 10º turno.
La juez a cargo se pronunció en las últimas horas dictando el procesamiento de A.E.F. como autor de un delito de hurto en el grado de tentativa. El acusado no llegó a consumar el robo porque la alarma del comercio denunciaba lo que estaba haciendo.
La magistrado decidió que en esta oportunidad el acusado pasara a cumplir con prisión preventiva mientras se completa el proceso judicial, y, seguramente, castigando también el desacato que había incurrido con la anterior medida cautelar.