“El camino vecinal 70 fue abierto mediante la tala de monte nativo, afectando severamente a la flora y fauna local; se acabó con monte nativo virgen y maduro, con todos sus estratos presentes, el cual abrigaba desde guazuvirás, zorros de monte a otras varias especies animales. Ello, para abrir un camino entre el arroyo y tres terrenos que ya contaban con salida hacia la calle 56”, agregaron.
Afirmaron que “la apertura innecesaria y evitable de esta calle, devastó de forma exacerbada la flora de la zona, arrasando hasta dejar sólo la primera línea de árboles sobre el arroyo, erosionando el área que se ha vuelto un lodazal sin la protección de la tierra que significaba la vegetación pre-existente”.
También explican que otros trabajos realizados “fueron depositados sobre los márgenes del arroyo, agravando el impacto de lo sucedido” y que a estas acciones se suma que en las inmediaciones de este camino “han sido abiertas calles sobre humedales, resultando en vías inundables e intransitables que significan humedales destruidos y calles sin uso”.
Ante esa situación, pidieron que la IDM y el Municipio de Piriápolis informen sobre la presencia de técnicos en la zona para este tipo de obras, el control realizado a las empresas que ejecutan obras de caminos y otras afines y las evaluaciones realizadas a trazados urbanos de más de 60 años, que orientan el desarrollo de un territorio que se ha visto transformado.
Hernández y Sturla dijeron que esperan “un cambio en los criterios de trabajo territorial”.