Horas más tarde, los efectos aparecieron abandonados en un descampado del lugar y con los datos que poseía la policía contactó a las víctimas, que ya se habían ausentado del país.
Con el paso de los días, un hombre se presentó ante la policía y dijo que era el autor del referido robo.
Cuando fue consultado sobre los detalles y que lo había llevado a confesar, dijo que ahora formaba parte de una religión, donde había escuchado la voz de Dios y el pastor de la iglesia, le había dicho, que confesara para limpiar sus culpas.
Ahora quedó emplazado a disposición judicial.