Afecta principalmente a los niños menores de cinco años. En Uruguay el 25 % de esa población tiene dermatitis atópica, es decir, uno de cada cuatro niños, y en los adultos esa cifra se reduce considerablemente: la padece el 1% de la población.
Acosta puntualizó que generalmente se presenta “muy leve” pero si se llega a la adultez con ella “es siempre muy severa”.
La doctora explicó que los principales síntomas son el eczema y la picazón. “Cuando son chiquitos las lesiones se concentran en los cachetes, en los brazos y en las piernas, y esas lesiones rojas van generando una picazón importantísima que dificulta las actividades. El niño se rasca todo el día y dificulta el sueño”.
“Muchas veces lo confundimos como una alergia, pero no lo es. El paciente tiene una característica en su piel que tiende a brotarse mucho más, pero no porque coma o tome algo en particular”, aclaró.
Acosta señaló que la enfermedad no es contagiosa y es uno de los mitos quieren erradicar. “Muchas veces nosotros los dermatólogos tenemos que hacer cartas para los CAIF o las escuelas para decir que no es contagioso, que puede concurrir a la escuela a pesar de que tenga lesiones”, contó.
La dermatitis atópica es una enfermedad crónica, es decir, no existe una cura, sin embargo, en la gran mayoría de los casos “mejora muchísimo” en la adolescencia. “Esto no es así en el 100% de los casos. El 1% de las dermatitis atópicas persisten en la vida adulta”, añadió.
Acosta aclaró que, aunque se trata de una enfermedad crónica, esto no significa que el paciente deba presentar lesiones de forma permanente. “Nuestro objetivo con los tratamientos es lograr que niños, adolescentes y adultos permanezcan sin lesiones ni picazón la mayor parte del tiempo”, señaló.
Foto: Menudo peques