La joven contó que extraña a su familia, a sus amigas y su vida cotidiana. Aseguró que recibió amenazas y que eso le genera preocupación por su seguridad.
Sobre las acusaciones, negó haber sido racista. Explicó que las denuncias fueron hechas por empleados del lugar donde ocurrió el hecho y sostuvo que en las cámaras de seguridad no se ve lo que ellos dicen.
De todos modos, reconoció que su reacción no fue buena y dijo que le gustaría pedir disculpas a quienes se hayan sentido ofendidos.
El caso ocurrió durante un viaje, cuando fue grabada haciendo gestos que generaron polémica. Por eso fue denunciada y quedó imputada por injuria racial, un delito que en Brasil puede tener penas de prisión.
Aunque la ley prevé castigos de varios años, como no tiene antecedentes, la posible condena podría ser menor. La decisión final la tomará la Justicia.