Mientras tanto, las grandes aerolíneas recortarán vuelos a pocos días del comienzo del Mundial de Fútbol y aumentarán el precio de los pasajes para poder sobrevivir. El detonante fue el bloqueo del estrecho de Ormuz tras el estallido de la guerra en Irán.
El precio del combustible para aviones saltó de 85-90 dólares a 150-200 dólares por barril. Para las aerolíneas, el combustible representa el 25% de sus costos operativos.
Se suma a la quiebra de Spirit Airlines, la advertencia de United estimando que deberá incrementar su presupuesto en 11 millones de dólares extra, mientras que American Airlines, tendrá un costo adicional de 50 millones de dólares por cada centavo que sube el galón de combustible.
Las aerolíneas de bajo costo son las más golpeadas porque dependen de tarifas ultra bajas y no pueden trasladar todo el costo al pasajero. En consecuencia, la asociación de aerolíneas de bajo costo negocia un paquete de ayuda de 2.500 millones con el Congreso de Estados Unidos, a los efectos de que el aumento del costo del combustible no incida en el valor del pasaje y puedan cumplir con la malla de vuelos programada tomando en cuenta la alta demanda que deberán satisfacer el próximo mes durante el Mundial de Fútbol.
A la región también llegó el impacto provocado por el aumento en el costo de combustible.
Por ejemplo, Aerolíneas Argentinas, anunció que fueron cancelados los vuelos con aviones de fuselaje angosto tipo B737 previstos para llevar pasajeros al Mundial de Fútbol directamente desde las provincias de Córdoba, Tucumán y Rosario hacia Punta Cana y Miami.
Asimismo, la compañía argentina informó modificaciones estructurales en su política de equipaje. A partir de los pasajes adquiridos desde mayo de 2026, la tarifa base dejará de incluir en el equipaje de mano el (carry-on) gratuito.