Su contracción al trabajo fue interrumpida por un efectivo policial que lo vio e intentó detenerlo. F.M. puso en marcha el plan de fuga: saltó un muro, ganó la calle y desapareció.
El funcionario policial, cuando consiguió recuperarse de su asombro, pidió ayuda. El Grupo Especial de Operaciones puso en marcha de inmediato un vasto operativo para capturar al intrépido ladrón.
La libertad a F.M. le duró poco, con tanto empeño en capturar al ladrón de la seccional. Fue detenido, conducido, esta vez por la puerta principal, a la seccional a la espera de que la juez penal de turno le recibiera para contarle lo que había hecho.
La información policial no aclara si el episodio sorprendió mucho a la magistrado, pero sí da cuenta que la representante del Poder Judicial reaccionó tipificándole a F.M. haber cometido un delito de hurto especialmente agravado contra un templo de la autoridad.
F.M., no obstante, no perdió la libertad: la juez le ordenó guardar arresto domiciliario por 30 días. La información policial tampoco aclara si la pena impuesta es castigo o premio por haber intentado lo que intentó.
ZL