"Es algo que no lo ves, salvo alguno que sea de color. Una vez que sos consciente que están, los ves en todos lados", cuenta Juan Pablo Lozoya, uno de los ocho autores de esta investigación que será publicada en la revista científica internacional Environmental Pollution.
Antes de hacer el estudio, los investigadores determinaron cinco "estaciones" en la playa Brava y otras cinco en la Mansa. Cada estación era una cuadrícula de dos metros cuadrados. Con palas, extraían cinco centímetros de profundidad de arena de esos cuadrantes. Luego se acercaban al mar, colaban los microplásticos y los llevaban al laboratorio para examinarlos.
En total, trabajaron en 120 metros cuadrados de playa en los cuales encontraron 2.966 elementos que, juntos, pesaron 384 gramos. Como los servicios de recolección de limpieza de la Intendencia de Maldonado solo levantan residuos de gran porte (botellas, bolsas o envoltorios de alimentos) estos otros pasan desapercibidos. Por ello, la gran mayoría de los encontrados por los científicos fueron inferiores a los 20 milímetros.
Muchos de ellos podrían ser microplásticos que se van partiendo de una botella que no fue recolectada. "Si queda en el ambiente dando vueltas durante meses, o tal vez años, llega un momento que con el sol, la arena y el agua se empieza a resquebrajar y a generar pequeñas formaciones", puntualizó Lozoya.
Una de las consecuencias ambientales es que las aves confunden los colores de los plásticos por sus presas. Algunas de las aves son capaces de regurgitar los plásticos, pero hay otras que no pueden y terminan muriendo.
Los microplásticos favorecen a una cadena que puede afectar al hombre. En China se comprobó que hay zonas donde se hace cultivo de mejillón que luego se venden con microplásticos. "Se están estudiando las consecuencias que tiene para la salud. Es una nueva dimensión que tiene este problema", apuntó Lozoya.