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Espectáculo
20:02

Murió Gilberto Bálsamo Scarpa (1939-2026): El hombre de las fiestas eternas

El registro oficial de fallecimientos de SETEC, organismo de la Municipalidad de Campinas, confirmó lo que muchos en Punta del Este tardarán en procesar: Gilberto Bálsamo Scarpa murió el domingo 13 de septiembre de 2026 en aquella ciudad brasileña. Tenía 87 años. Fue sepultado al día siguiente en el cementerio Parque das Aléias. Se fue en silencio, como suelen irse quienes vivieron ruidosamente.

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Por Marcelo Gallardo

Punta del Este le debe una categoría que no existía antes de él y que no ha vuelto a existir después: la fiesta como acontecimiento cultural, como obra de arte efímera, como declaración de que la vida podía ser, al menos por una noche, perfecta. La foto que acompaña esta nota refleja una de esas estelares noches. Apareció en la portada de Punta del Este Internacional de la periodista Marisol Nicoletti quien retrató como nadie esas noches glamorosas de Scarpa.

LA PINDUCA Y EL MILLÓN DE DÓLARES

Su casa en el barrio Beverly Hills tenía nombre propio: La Pinduca. Y ese nombre terminó siendo sinónimo de algo que esta ciudad nunca había visto ni ha vuelto a ver. Las fiestas Scarpa no eran reuniones sociales. Eran producciones de Holywood. El champagne era Veuve Clicquot —no otro, nunca otro—, y el whisky era Johnnie Walker Etiqueta Azul, consumido por centenares de botellas en cada velada. El catering era el mejor disponible en el continente, y las celebridades que cruzaban sus puertas componían un elenco que cualquier revista del mundo hubiera pagado por fotografiar.

Se habló del millón de dólares. Puede que fuera más. Puede que fuera menos. Pero la cifra era lo de menos: lo que Scarpa compraba con ese dinero no era comida ni bebida ni música. Compraba una dimensión paralela donde todo era posible y nada era ordinario.
Antes de él, no hubo fiesta alguna de este tipo. Después de él, tampoco.

EL STAR SYSTEM BAJO EL TECHO DE LA PINDUCA

Las listas de invitados a las fiestas Scarpa leídas hoy parecen el índice de una enciclopedia del glamour latinoamericano de las décadas del ochenta y noventa. Por La Pinducadesfilaron figuras que marcaron época en el espectáculo, la política, el deporte y los negocios de ambas orillas del Río de la Plata y más allá.
Entre los nombres que la memoria y las crónicas sociales de la época registran figuran la diva Susana Giménez, Mirtha Legrand, el astro del fútbol Pelé, el músico Roberto Carlos, la vedette y actriz Xuxa, el empresario y magnate de medios Silvio Santos, el cantante Julio Iglesias, la actriz Sônia Braga, el tenista Guillermo Vilas y el expresidente brasileño José Sarney, entre muchos otros.
La sola enumeración explica por qué las fiestas de Scarpa no eran un evento social más de la temporada. Eran el evento. El que definía si Punta del Este había tenido o no una temporada digna de ese nombre.

EL GENTLEMAN ANTE LA ADVERSIDAD

Quien esto escribe fue testigo de uno de esos momentos que la vida reserva para recordarnos que la fortuna es prestada. Un alguacil de un juzgado de Maldonado, acompañado de un rematador público, se constituyó en La Pinduca para embargar muebles y objetos de valor. El motivo: un juicio laboral cuyo monto era, paradójicamente, inferior a lo que Scarpa destinaba a comprar el champagne de una sola de sus fiestas.
Lo que quedó grabado en la memoria de quien lo acompañó aquel día no fue la escena del embargo. Fue la actitud del hombre embargado. Gilberto Bálsamo Scarpa no perdió la compostura. No perdió la dignidad. No perdió eso que los ingleses llaman poise y que en castellano rioplatense se traduce, simplemente, como presencia. Era, en el sentido más clásico del término, un gentleman.

EL GOLPE QUE NINGÚN DINERO AMORTIGUA

Pero la vida le reservaba un dolor de otra naturaleza, uno ante el cual la fortuna y la elegancia no ofrecen escudo. Mucho después de las fiestas, mucho después del esplendor y también de la debacle, Gilberto Bálsamo Scarpa perdió a su hijo amado de la peor manera posible. Ese fue el golpe definitivo, el que ningún gentleman puede esquivar, el que no tiene protocolo ni etiqueta que lo contenga.
De aquello, Scarpa cargó en silencio. Como en silencio se fue. El autor de esta nota recuerda aquella noche de 2011 cuando del otro lado de teléfono un hombre quebrado le transmitía en medio de un profundo dolor la noticia que ningún padre quiere dar: la muerte de su hijo.

UNA PÁGINA DE LA HISTORIA DE PUNTA DEL ESTE

No hay aún, al momento de escribir estas líneas, una nota periodística desarrollada sobre su trayectoria. El portal Hora Campinas reprodujo los datos del registro oficial; SETEC confirmó el deceso y los datos de la inhumación. Nada más. Como si la ciudad que lo vio brillar tampoco supiera todavía cómo despedirlo.
Pero Punta del Este sí sabe lo que perdió. Perdió al hombre que inventó una escala. Que demostró que en este rincón del Río de la Plata podían ocurrir cosas que ocurrían en muy pocos lugares del mundo. Que la vida glamorosa no era una postal lejana sino algo que podía habitarse, aunque fuera por una noche, en Beverly Hills, en La Pinduca, con una copa de Veuve Clicquot en la mano.

Gilberto Bálsamo Scarpa tenía 87 años. Vivió muchos de ellos como pocos saben vivir. Y se fue dejando, para quienes lo conocimos, la certeza de que algunas noches no se olvidan nunca.
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