Al poco rato de recibir el aviso vieron a un jovencito que circulaba en un rodado que coincidía completamente con la descripción del vehículo robado.
Detuvieron la marcha del hasta entonces feliz chico, y le pidieron que diera razón de la propiedad de la bicicleta de cuatro ruedas. El chico terminó por admitir que no era suya, que la vio en la calle y no resistió en tomarla para dar una vuelta por Punta del Este en cuatriciclo a pedal ajeno.
El chico, de 16 años y nacido en Argentina, fue conducido a un tribunal competente para menores de edad, acompañado por un adulto responsable.
El tribunal decidió que el chico, junto al mayor responsable, procediera a devolver a su propietario el bicirodado, lo que fue considerado lección suficiente para el tenor de la fechoría que había cometido.
Z.L.