Convertido ahora en motociclista furioso, transitó por las calles de Maldonado a bordo del vehículo ajeno, sin que quienes pasaron a su lado supieran nunca lo que estaba viviendo.
Dispuesto a agregar excitación a su furia, obtuvo droga y la consumió. Ahora, bajo efectos de la droga y de su enojo, decidió convertirse en arrebatador. Se fue a la Calle 20 de Punta del Este, donde están las tiendas de las marcas más reconocidas y caras del mundo, e intentó arrebatarle la cartera a una señora que caminaba viendo las vidrieras.
Sin éxito en ese primer intento de convertirse en arrebatador, fue por la revancha. Se trasladó a Punta Shopping, siempre a bordo de la moto y todavía drogado, escogió minuciosamente a su nueva víctima, pero cuando puso en marcha su arrebato, volvió a fracasar. Le faltaba práctica.
Así las cosas, decidió seguir dando examen de arrebatador, pero en su propio territorio: volvió a Maldonado. Se fue junto al destacamento de bomberos de esta ciudad, y esperó que llegara su nueva víctima. Cuando entendió que estaba para aprobar el examen, impulsado por su furia y la droga consumida, fue a asegurarse el arrebato, pero lo hizo tan mal que terminó provocándole lesiones graves a la pobre señora.
Con esa estela de delitos detrás, L.G. se convirtió en un individuo fácilmente identificable. Fue atrapado y conducido ante la Justicia, donde le hicieron volver a tierra plantándole ante la realidad de lo que había hecho: fue procesado con prisión por hurto especialmente agravado, y por un delito de lesiones graves.