La banda operaba mediante la violación de información de tarjetas de crédito de extranjeros que realizaban compras on-line en Uruguay. La operación consistía en utilizar las claves para adjudicarse gastos de entre $ 500 y $ 1.000 por recargas telefónicas que eran vendidas luego a particulares.
Solamente una conocida tarjeta de crédito internacional, reportó estafas por unos U$S 100.000 aunque la cifra podría ser varias veces superior, ya que hay otras administradoras perjudicadas.
Las maniobras de obtención de la información de los titulares de las tarjetas de crédito, eran realizadas por hackers desde Argentina y Colombia, que a su vez operaban con servidores desde Estados Unidos.