Después fue funcionario del Casino y recibió la visita de su hermano Antonio, con quien se asoció para montar el restaurante El Mejillón, donde surgiría el “chivito”, uno de los platos más tradicionales de la gastronomía uruguaya.
“Se integraron a la sociedad para trabajar por ella. Le demostraban a los turistas que eran importantes y el chivito es una muestra de ese esfuerzo por retenerlos, de no decir que no había algo”, subrayó Graciela. Porque para quien no lo sabe aún, el chivito (ese especial de carne con pan) es un “invento” de Antonio al pedido de un turista que quería algo rápido para comer.
Graciela cree que el buen trato a los turistas, el concepto de “servicio y no de servilismo” se han perdido y deberían ser rescatados como una forma de devolver a Punta del Este sus épocas de oro.
“Ofrecer un buen trato a la gente, servicios de alta calidad, eso fue lo que hizo grande al balneario”, aseguró la hija del pionero, que además de gastronómico fue rematador, dirigente de fútbol, de boxeo, filántropo, concejal y diputado.
Más de una vez sus familiares advirtieron a Antonio que estaba "perdiendo mucho dinero" con su altruismo. Pero "él quería devolverle a la sociedad todo lo que ésta le dio, todo lo que le permitió hacer por él y por su familia".
"Voy a irme de este mundo, tranquilo", solía decir en esos casos.