Al referirse a las llamadas relaciones “tóxicas” y a los vínculos que pueden ser perjudiciales, señaló que existen distintos indicadores a los que hay que prestar atención.
“La violencia física no es la única forma de violencia. La que no se ve y quizás es la que más se perpetúa en el tiempo es la violencia psicológica”, afirmó.
Viscusi explicó que los controles cotidianos también pueden formar parte de este tipo de violencia.
“Humillación, desvalorización, insultos, controles”, mencionó entre las situaciones que pueden aparecer dentro de una pareja.
En ese sentido, explicó que “controlar dónde estamos, controlar con quién hablamos” son señales que deben ser tenidas en cuenta. También hizo referencia al control de las redes sociales y del celular.
“Muchas veces las parejas tienden a controlar a través de las redes sociales a quién estás siguiendo, a quién le dio un like, a qué foto le dio like”, señaló.
Para la psicóloga, estas situaciones pueden convertirse en mecanismos de control que muchas veces terminan naturalizándose dentro de las relaciones.
También mencionó algunas situaciones que pueden ser detectadas por amigos o familiares.
“Muchas veces se escala de una a otra, de la violencia psicológica a la física, y bueno, pueden ser peores”, sostuvo.
Por eso, consideró importante que las personas cercanas puedan intervenir cuando comienzan a notar cambios.
“Te vemos a vos, que estás rompiendo tus redes”, explicó como una de las señales que pueden observarse cuando una persona comienza a alejarse de sus amigos o familiares por influencia de su pareja.
Viscusi también habló sobre el denominado círculo de la violencia. Explicó que muchas veces comienza con situaciones que pueden parecer menores.
“Empieza con micromachismos, pequeñas cosas, pequeños controles, pequeñas celosías”, señaló.
Luego, esas situaciones pueden aumentar y dar lugar a insultos y agresiones físicas. Después del episodio, puede aparecer una etapa en la que la persona agresora promete cambiar.
“Yo voy a cambiar, confía en mí, esta vez va a ser diferente”, describió como una de las frases que pueden aparecer en ese momento.
Según explicó, después puede llegar la denominada “luna de miel”, en la que la persona agresora busca convencer a la víctima de que lo ocurrido no volverá a suceder. Con el tiempo, el ciclo puede repetirse y aumentar su gravedad.
La psicóloga también se refirió al concepto de narcisismo y aclaró que no todas las personas violentas son narcisistas.
También señaló que las mujeres pueden ejercer violencia, aunque los hombres aparecen con mayor frecuencia como agresores en determinados contextos vinculados a una estructura social patriarcal.
En relación con los jóvenes y las redes sociales, Viscusi volvió a poner el foco en los mecanismos de control.
“Muchas veces las parejas tienden a controlar a través de las redes sociales a quién estás siguiendo, a quién le dio un like, a qué foto le dio like”, reiteró, y consideró que “son indicadores que hay que tener cuidado porque son mecanismos de control en definitiva”.
Sobre la prevención, sostuvo que existen herramientas y campañas, pero que el desafío está en poder detectar las situaciones y actuar a tiempo.
“Los estamos preparando. Hay muchas campañas de prevención”, afirmó.
También destacó el papel de los docentes y de los adultos que forman parte del entorno de niños y adolescentes.
“Los docentes son una pieza fundamental”, sostuvo, aunque señaló que también es necesario que quienes reciben una denuncia sepan reconocer las señales y responder ante ellas.
Viscusi explicó además que las redes de apoyo pueden ser importantes a cualquier edad y que una de las características de las relaciones violentas puede ser justamente el aislamiento de la víctima.
Al hablar de las generaciones mayores, señaló que durante mucho tiempo estuvieron más presentes determinados roles de género, con la mujer vinculada al cuidado del hogar y el hombre al trabajo y al sustento económico.
Según explicó, estas situaciones pueden generar una mayor dependencia y dificultar la salida de una relación violenta, especialmente “en el interior más profundo”.
Otro de los puntos que abordó fue la naturalización de la violencia psicológica.
“La violencia psicológica está muy normalizada en la sociedad uruguaya”, sostuvo, al señalar que insultos, humillaciones y determinados comentarios muchas veces forman parte de la comunicación cotidiana sin que sean identificados como formas de violencia.
También hizo referencia a los comentarios sobre el cuerpo de otras personas.
“Es una forma de violencia también, meternos con el cuerpo de otro, porque uno no sabe los fantasmas que atraviesa el otro”, afirmó.
En ese sentido, señaló que este tipo de situaciones también se trasladan a las redes sociales y pueden afectar a personas que atraviesan problemas que los demás desconocen.
Por último, destacó que entre los más jóvenes se ha comenzado a instalar otra mirada sobre este tema, resumida en una idea: “De los cuerpos no se habla”.
La propuesta, explicó, apunta a entender que cada persona tiene su propio cuerpo y que no corresponde juzgarlo ni hacer comentarios sobre él, porque “uno no sabe los fantasmas que atraviesa el otro”.