Contó la señora que dos días antes había concurrido a un supermercado de la zona a realizar compra y que como medio de pago había llevado la tarjeta de crédito o débito (no se precisa) de su esposo.
Prosiguió que realizada la compra volvió a su domicilio y buscó la tarjeta de crédito pero no la encontró. Pensó que pudo haberla olvidado, o haberla perdido en el camino, así que tomó la decisión de avisar a la entidad emisora de la tarjeta, al día siguiente, lo que estaba ocurriendo.
Al otro día, cuando pudo comunicarse con la empresa emisora de la tarjeta, le informaron que ya no le quedaba saldo, había sido gastado totalmente. Ya no tenía sentido bloquear la original, ni expedir una nueva.
Fue entonces que la señora concurrió a la dirección de Investigaciones a radicar la denuncia en nombre de su esposo, titular de la tarjeta.
Efectivos policiales empezaron a tirar de la madeja de la primer punta que quedaba suelta: la cajera que había atendido a la señora.
La hipótesis de investigación se confirmó rápidamente. La cajera admitió que se apropió de la tarjeta ajena y procedió a realizar compras con ella de bienes para provecho propio.
MARCHÓ EL NOVIO
Cuando con autorización judicial se concurrió al domicilio de la ahora imputada cajera, se encontró la mercadería, pero también el novio de la joven, quien marchó a la comisaría acusado de haber sido el instigador del delito.
Informada la sede en lo Penal de 10º turno, el magistrado reviso todos los detalles del caso y se pronunció, en primer lugar, disponiendo el procesamiento de M.R. de 24 años de edad como autor de un delito de hurto especialmente agravado.
También ordenó el procesamiento de L.M., de 18 años, como autora de un delito continuado de estafa en reiteración real, con tres delitos de hurto especialmente agravado.
La pareja de joven no fue privada de su libertad pero ambos quedaron bajo caución juratoria (deben notificar todos y cada uno de sus movimientos) hasta que se complete el proceso judicial del caso.