En la puesta en escena de Manada, la reflexión toma caminos que permite ver qué pasa cuando un integrante de la manada se aparta del modelo, y ese recorrido lo hace al ritmo de la música de Mozart, Arditti Quartet, Jordi Savall, René Aubry y Rufus Wainwright.
Manada narra anécdotas reales, que hablan directamente con el público. “No es autobiográfico, no habla de mí, pero me reconozco en muchas cosas que les pasaron a los bailarines: no se trata de mostrar solo el virtuosismo del bailarín, sino de cosas que le pudo pasar a un espectador o a alguien cercano a él”, dijo Inthamoussú a El País y agregó que en este trabajo apeló a una estética muy apoyada en blancos y negros. “Tiene que ver con esa dicotomía, pertenecés o no, sos parte de la manada o no”, concluyó el artista.