Aunque el mandatario republicano no estará en las papeletas, su figura domina buena parte de la campaña. Su gestión económica, la política migratoria, los aranceles comerciales y las decisiones internacionales de su gobierno se convirtieron en temas centrales de la disputa entre republicanos y demócratas.
Los comicios llegan en un escenario de fuerte polarización política, con una ciudadanía especialmente preocupada por la inflación, los salarios y el aumento del costo de vida.
En estas elecciones se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y estarán en disputa 35 bancas del Senado, correspondientes a 33 elecciones regulares y dos especiales, en Florida y Ohio.
También se elegirán 39 gobernadores, además de integrantes de legislaturas estatales y numerosas autoridades locales.
Actualmente, los republicanos mantienen el control de ambas cámaras del Congreso, con una mayoría ajustada de 218 representantes frente a 214 demócratas en la Cámara Baja y una relación de 53 a 47 en el Senado, contando a los independientes que integran el bloque demócrata.
Este escenario convierte a las elecciones en una disputa particularmente importante para el futuro político del gobierno.
Una victoria demócrata en una o ambas cámaras podría limitar la capacidad de Trump para impulsar su agenda legislativa y abrir nuevas investigaciones parlamentarias sobre su administración.
Por el contrario, si los republicanos conservan sus mayorías, el presidente tendría mayores posibilidades de avanzar con sus propuestas económicas, migratorias y de reducción del aparato estatal.
LA ECONOMÍA COMO PRIMERA PREOCUPACIÓN
El costo de vida aparece como el tema que más preocupa a los votantes, independientemente de sus preferencias políticas.
Según una encuesta de Pew Research realizada en octubre, el 84% de los estadounidenses considera que la economía es un asunto muy importante a la hora de definir su voto.
La preocupación alcanza al 82% de los republicanos y al 88% de los demócratas, lo que demuestra que se trata de un problema transversal.
La inflación interanual llegó al 3,7% en setiembre, mientras que el precio de la gasolina registró un aumento mensual del 9,1%, según los datos citados durante la campaña.
A esto se suman las consecuencias económicas de las tensiones internacionales, especialmente el conflicto con Irán y su impacto sobre los precios de los combustibles.
El encarecimiento de los alimentos, la vivienda y los servicios de salud también ocupa un lugar destacado en las preocupaciones de las familias estadounidenses.
Aunque no se elige presidente, buena parte de la campaña funciona como una evaluación de la gestión de Donald Trump.
Distintas encuestas de Reuters/Ipsos y Washington Post/Ipsos ubican su aprobación entre el 31% y el 33%, cifras que reflejan un importante desgaste político.
Según informaciones difundidas por Reuters, 41 de 62 candidatos republicanos que compiten en distritos especialmente disputados intentaron tomar distancia de algunas decisiones del mandatario, particularmente en materia de aranceles, política exterior y costo de vida.
Los demócratas buscan transformar ese descontento en votos, presentando la elección como una oportunidad para establecer controles sobre el Poder Ejecutivo.
Los republicanos, en cambio, sostienen que mantener el Congreso bajo su control permitirá dar continuidad a las políticas impulsadas por Trump.
QUÉ PROPONEN LOS REPUBLICANOS
El Partido Republicano concentra su campaña en la defensa de la política económica de Trump, la seguridad fronteriza, la reducción del Estado y el fortalecimiento de la producción energética nacional.
En materia económica, propone mantener los recortes impositivos aprobados en 2017, reducir regulaciones y promover condiciones favorables para la inversión privada.
La inmigración constituye otro de sus principales ejes. Los candidatos defienden el endurecimiento de los controles fronterizos y la continuidad de las deportaciones de inmigrantes en situación irregular.
En el terreno energético, promueven aumentar la producción de petróleo, gas y carbón, junto con la eliminación de restricciones ambientales que consideran perjudiciales para la economía.
La seguridad pública y la lucha contra el crimen también ocupan un lugar destacado. Según Pew Research, el 64% de los votantes republicanos considera que la delincuencia violenta es un asunto muy importante.
LODE MOCRÁTAS A QUE APUESTAN
El Partido Demócrata busca recuperar el control del Congreso mediante una campaña centrada en el poder adquisitivo, el acceso a la salud y la defensa de las instituciones democráticas.
Su propuesta económica apunta a reducir los costos de los alimentos, los combustibles, la vivienda y los servicios médicos, bajo una agenda orientada a hacer más accesible la vida cotidiana de los estadounidenses.
En salud, defienden el fortalecimiento del sistema conocido como Obamacare y la ampliación de la cobertura médica.
La defensa de la democracia es otro de sus principales argumentos electorales. De acuerdo con Pew Research, el 85% de los votantes demócratas considera que el futuro del sistema democrático es un tema fundamental.
También cuestionan las políticas migratorias de Trump, especialmente los operativos de detención realizados por agentes federales dentro del territorio estadounidense.
Las diferencias entre ambos partidos son especialmente marcadas en materia ambiental: el cambio climático es considerado muy importante por el 66% de los demócratas, frente al 15% de los republicanos.
La educación y el impacto de la inteligencia artificial también forman parte de las prioridades de la oposición.
EL VOTO ANTICIPADO
Aunque la jornada electoral será este martes 3 de noviembre, millones de estadounidenses tienen la posibilidad de votar anticipadamente o mediante correo postal, de acuerdo con las normas de cada estado.
Los primeros procesos comenzaron el 18 de setiembre en estados como Idaho, Minnesota, Dakota del Sur y Virginia, mientras que durante octubre se amplió la votación anticipada a buena parte del país.
Este mecanismo permite que los ciudadanos emitan su sufragio antes de la jornada electoral y constituye un componente importante del sistema estadounidense.
El resultado de este martes tendrá consecuencias que irán mucho más allá de la distribución de bancas en el Congreso.
Si los demócratas consiguen recuperar el control de la Cámara de Representantes, podrán impulsar investigaciones, ejercer mayor fiscalización sobre el gobierno y bloquear parte de las iniciativas legislativas de Trump.
Si además lograran imponerse en el Senado, el impacto político sería todavía mayor, especialmente por las atribuciones de esa cámara en materia de nombramientos y decisiones institucionales.
En cambio, una victoria republicana fortalecería al presidente y le permitiría encarar la segunda mitad de su mandato con un Congreso favorable.
Con la economía como principal preocupación ciudadana y la figura de Donald Trump en el centro del debate, Estados Unidos se encamina hacia una elección que definirá no solamente el control del Congreso, sino también el margen de acción política del presidente durante los próximos dos años.