La mujer caminaba con su pequeño hijo en un coche y alcanzó a lanzarlo, fuera del alcance del pesado rodado, segundos antes de ser atropellada. Tras el siniestro, gravemente lesionada, fue atendida por una unidad de emergencia móvil y logró ingresar al sanatorio Cantegril, del que no era socia, al cabo de varias horas de negociaciones entre la mutualista y las autoridades del hospital Elbio Rivero.
En el marco de esa causa, la jueza penal Adriana Graziuso ordenó dos reconstrucciones del siniestro y avanzó en la indagatoria para establecer si la mujer murió por la demora en el trámite entre el centro privado y el hospital, donde no podía ser intervenida dada la gravedad de sus lesiones.
Varios médicos de Salud Pública y de la mutualista pasaron por la sede penal en noviembre y diciembre de 2009. El médico de guardia en el sanatorio, acusado de negar la asistencia, insistió en que todo se trató de un mal entendido y una errónea interpretación de sus palabras, ya que finalmente la herida fue asistida en el Centro de Tratamientos Intensivos de la institución.