Tras unos primeros minutos de violencia, los delincuentes se dejaron tranquilizar por los dueños de casa y al ver que nadie intentaría escapar o llamar a la policía, los maniataron y salieron a recorrer los restantes dormitorios en busca de dinero y joyas.
En una de las habitaciones dormía una señora con su bebé, en otra una amiga de los jefes de familia, y en la tercera dos niños que afortunadamente jamás se enteraron de la presencia de los delincuentes.
Ninguno de los moradores los escuchó ingresar y tampoco pudieron determinar cuándo se fueron, señaló Vera. La familia, oriunda de Tacuarembó, había llegado por primera vez a Punta del Este y alquilaban una casa en San Rafael que, desde el principio, les parecía "poco segura".