Fasanello explicó que el grupo armado antigubernamental Movimiento 23 de Marzo (M23), es uno de los 120 grupos armados que existen actualmente y que surgió en 2012 con exintegrantes de las fuerzas armadas del Congo.
Si bien en el 2013 el grupo se desarmó, ochos años después se reactivó y volvió a lanzar una serie de ataques contra el Ejército congoleño. Tras años de violencia e inestabilidad, el pasado 27 de enero, el M23 se hizo con el control de la ciudad de Goma, cuya población se estima en dos millones de personas.
Fasanello, analista en inteligencia a nivel estratégico, indicó que el apoyo de Ruanda a la milicia es clave para entender el conflicto entre el M23 y el Gobierno Congoleño, ya que el amparo surgió como consecuencia del genocidio ruandés de 1994, en el que radicales de la etnia hutu asesinaron a 800.000 personas, en su mayoría tutsis, y a hutus moderados.
Después de la masacre, unos dos millones de hutus cruzaron la frontera hacia el Congo ante la llegada al poder en Ruanda de una milicia tutsi, liderada por Paul Kagame, que detuvo el genocidio y desde entonces gobierna en el país.
Con el objetivo de perseguir a los responsables, Uganda y Ruanda intervinieron en la RDC en 1996, y propiciaron el comienzo de la primera guerra del Congo.
En la actualidad, tanto la ONU como el Gobierno congoleño aseguran que el Gobierno de Kagame apoya y arma al M23, y que incluso las tropas ruandesas han entrado en territorio de la RDC.
El experto reconoció que por estas horas existe un alto al fuego en la zona por razones humanitarias pero el ejército congoleño desplegado en el lugar no está oponiendo gran resistencia a los invasores ya que muchos soldados han desertado o han dejado su posición en el frente de batalla.
Además dio cuenta que un importante jefe militar, que era la mayor autoridad castrense en la región fue asesinado por un francotirador ruandés.
El entrevistado enfatizó que no hay un buen pronóstico para el futuro en el Congo, no augura que la situación mejore a la brevedad, sino todo lo contrario.