La pony fue robada a mediados de julio de la casa de un vecino y trasladada a inmediaciones de la cancha del Club Colón, según contó a Alonso un vecino a quien no le extrañó ver pasar a un chico en bicicleta llevando al animal de tiro. “Estaba preñada de ocho meses y medio, le metieron un palo en la vagina y en el ano, al punto que cuando la agarró el veterinario era tarde”, comentó el propietario, azorado.
Había comprado el animal hace dos años y medio, por 1.800 dólares, para un niño que tiene síndrome de Down, como premio tras una intervención quirúrgica. Era un animal dócil, especialmente entrenado para las sesiones de equinoterapia del pequeño, quien no tiene consuelo por lo ocurrido.
Los responsables del aberrante acto fueron detenidos el viernes, poco después de romper alambrados para ingresar a un predio donde también lastimaron la yegua de un vecino. La barra de niños y adolescentes es conocida en el barrio, justamente por estas prácticas. Según Alonso, acostumbran ingresar a predios suburbanos para hacer “daños” y cortar coronillas.
Alonso fue citado el viernes al juzgado penal de San Carlos, donde se sustancia el caso. Sin embargo, al cabo de unas cuantas horas, declaró y le dijeron que se retirara. Todavía no sabe en qué quedó el asunto. Para él, la tortura y sacrificio de la pony “no tiene explicación”.
“Todavía no se determinó quién fue el responsable de dar muerte al pony, porque se acusan unos a otros. Esto es algo que no tiene explicación. Hoy lo hicieron con un animal, pero mañana agarran a un niño y le hacen lo mismo. Empiezan por ahí y como no los descubren, van para adelante”, advirtió.
No obstante, estimó que estas andanzas son propias de “gurises chicos, que a veces están solos, se crían a la bartola y nadie los reprende, porque son hijos de madres solas o padres que no están”.