Viajaban sin luces, sin los plásticos-carrocería de la moto, sin espejos retrovisores, no usaban cascos reglamentarios, y, si todo esto fuera poco, en vez de una caramañola con agua, llevaban una botella de whisky que moderaba su sed.
Si todo este fuera poco, el que conducía era el chico de 16 años quién carecía de permiso habilitante para conducir, y en el asiento del acompañante iba el mayor llevando la botella de whisky.
Detenerlos y marchar con ellos a la comisaría fue un solo acto. Se les identificó, y avisó a la policía de Tránsito, la que concurrió y gastó buena parte de una libreta de multas con estas personas.
La intervención de un magistrado dispuso la libertad del mayor, una vez que hubiese pagado las multas, que el menor fuera entregado a sus padres, y que el vehículo quedara retenido en sede policial.