La investigación fue difundida por el programa español Equipo de Investigación de la Sexta de Televisión, que situó el valor de los activos vinculados a la pareja en torno a los 40 millones de euros, de acuerdo con las últimas cuentas analizadas, correspondientes a 2024.
El negocio comenzó con una estrategia relativamente sencilla: comprar propiedades para incorporarlas al patrimonio y posteriormente alquilarlas. Con el paso de los años, las inversiones fueron creciendo y diversificándose hacia otros segmentos.
Actualmente, además de las viviendas, el entramado empresarial cuenta con varias residencias para estudiantes y una agencia dedicada al alquiler de pisos y apartamentos.
CARLA PEREYRA AL FRENTE DEL NEGOCIOS
El reportaje atribuye un papel decisivo a Carla Pereyra, a quien define como el “gran motor” de las inversiones inmobiliarias de Simeone.
Su conocimiento del sector estaría relacionado con su entorno familiar, vinculado a la arquitectura, y con inversiones que comenzó a realizar desde joven y continuó después de instalarse en España.
Una de las primeras operaciones de Simeone identificadas por el programa se produjo en 2017, cuando participó junto con otros inversores en la construcción de un edificio en el exclusivo barrio de Salamanca, en Madrid.
En ese inmueble, el programa encontró recientemente un apartamento de 112 metros cuadrados, dos dormitorios y garaje, ofrecido en alquiler por unos 3.000 euros mensuales.
Las operaciones continuaron y en 2020 fue creada Carpesim SL, sociedad cuyo nombre surge de la combinación de los apellidos de Carla Pereyra y Simeone.
Según la descripción realizada por el programa televisivo, dentro de la estructura empresarial Pereyra tendría un papel central en la planificación y gestión, mientras que el entrenador aportaría buena parte del capital destinado a las inversiones.
DE LAS VIVIENDAS A LAS RESIDENCIA ESTUDIANTES
Con el crecimiento del patrimonio, el modelo dejó de concentrarse exclusivamente en la compra y alquiler tradicional de apartamentos.
La pareja avanzó hacia otros segmentos del mercado, entre ellos las residencias estudiantiles, buscando ampliar y diversificar las fuentes de rentabilidad.
La historia de Simeone y Pereyra formó parte del reportaje Grandes caseros, en el que el programa analizó diferentes propietarios con grandes carteras inmobiliarias y cómo algunos inversores pasaron de adquirir unas pocas viviendas a gestionar decenas o incluso cientos de propiedades.
En el caso del entrenador argentino y su esposa, aquel proceso iniciado hace menos de una década habría terminado conformando una cartera superior a los 180 pisos y activos valorados en alrededor de 40 millones de euros, convirtiendo al mercado inmobiliario en una importante actividad empresarial paralela a la carrera deportiva de Simeone.
MARICARMEN Y SU DESALOJO MOVIÓ A ESPAÑA
Esta investigación de la TV española persigue a quienes tienen la mayoría de los pisos en Madrid y en ese sentido aparece la figura de Simeone y su esposa como propietarios de gran cantidad de pisos pero también a otros inversionistas o grupos cuyas propiedades se suman por decenas.
El caso de Mari Carmen se convirtió en uno de los símbolos de la crisis de la vivienda en Madrid. Su desahucio generó una fuerte movilización vecinal y de colectivos por el derecho a la vivienda, que intentaron impedir que tuviera que abandonar su casa y utilizaron su historia para denunciar el aumento de los alquileres, la especulación inmobiliaria y las dificultades de muchas familias para permanecer en sus barrios.
La repercusión del caso trascendió rápidamente el desalojo particular. Mari Carmen pasó a representar a numerosas personas amenazadas con perder sus viviendas, y alrededor de su situación se articuló un movimiento de solidaridad que llevó la protesta hasta el centro de Madrid.
Una de sus expresiones más visibles fue la acampada en la Puerta del Sol, donde activistas y afectados instalaron tiendas y mantuvieron la protesta para reclamar soluciones habitacionales, frenar desahucios y exigir cambios en las políticas de vivienda. Sol volvió así a transformarse en escenario de una movilización social, con la vivienda como eje central.
En definitiva, el desahucio de Mari Carmen dejó de ser un caso individual para convertirse en una bandera de un conflicto mucho más amplio: quién puede acceder y permanecer en una vivienda en una ciudad donde los precios se han disparado.