Los efectivos sabían que ese hombre tenía antecedentes. Su nombre es M.G., de 25 años de edad. Le observaron a la distancia. Le vieron entrar en una vivienda en Rocha y Juana Tabárez.
Con estos datos pidieron autorización judicial para realizar un allanamiento. La obtuvieron. Un rato más tarde estaban entrando a la casa. M.G. estaba en la vivienda. También una mujer de 21 años de edad que convivía con él. Les retuvieron mientras se practicaba la requisa de la vivienda.
Lo que se encontró no hubiese llamado la atención de los policías si quién vivía en la casa era un obrero, un hombre de trabajo. Pero tanta herramienta y materiales en poder de M.G., eran sospechosos.
Se decidió incautar todo: una caja de llaves térmicas con 12 llaves en su interior; una motosierra; una campana de metal para colgar; dos colgantes de luz; un rollo de cable para instalaciones eléctricas; una amoladora marca Gladiator; un taladro; un machete; una caja gris de metal; cuatro focos para instalar en parques, jardines, o piscinas; y una máquina para alambrar, además de otros efectos de menor valor.
CONFESIÓN Y PROCESAMIENTOS
Ante las evasivas de M.G. se procedió a comprobar los registros de denuncias. Los efectos incautados en la casa del detenido coincidían con los denunciados en dos robos en La Barra, uno el 29 de octubre, y el otro el 9 de diciembre. M.G. terminó admitiendo los delitos.
Enterada la juez en lo Penal de San Carlos, dispuso el procesamiento de M.G. como autor de tres delitos de receptación en régimen de reiteración real, y ordenó que pase a cumplir prisión preventiva mientras se completa el proceso judicial.
La magistrado también dictó el procesamiento de Y.N.S., la acompañante de M.G., como autora de tres delitos de receptación en régimen de reiteración real, pero la dejó en libertad mientras se completa el proceso judicial, contemplando su condición de primaria absoluta.