“Jamás me preguntaron nada, no me dejaron hablarles, creyeron en todo momento que yo era un ladrón”, escribió el profesor, indignado. Y cuando, finalmente, logró probar que era el dueño del auto y lo que pasaba, lo despacharon con un “rajá”.
“No fueron capaces de pedirme disculpas por lo acontecido y el mal rato que tuve que vivir por la violencia sicológica del momento, que viendo que no era un ladrón y el auto no abría no se pusieron a las órdenes para ayudarme a solucionar este problema”, lamentó Barreneche.
“Hoy no me callo. ¿Saben por qué? Por muchos como yo, que somos ciudadanos que no robamos, ni matamos, ni violentamos a nadie. Que nos gusta vivir en armonía y tranquilidad con el resto, respetando al otro, hasta al que delinque realmente, porque este también es parte de la sociedad”, enfatizó.
Luego abogó por el diálogo entre las personas y, particularmente, entre vecinos de una misma comunidad. “Lo más probable es que voy a ser docente de sus propios hijos y ellos les van a contar como los trata el profesor Barreneche en las clases de Geografía. Para que aprendan a distinguir, a comunicarse con las palabras, con el idioma de la gente, de la gente que construye la sociedad a las que ellos deben cuidar”, escribió, en otra parte de su larga misiva.